EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS Y DE MIGUEL DE UNAMUNO.

31 de diciembre de 2016

Me pide Miguel Ángel Diego Núñez que publique en este blog sendos artículos suyos dedicados a la memoria de dos salmantinos (uno de nacencia y otro de adopción) que fallecieron este mismo día, uno en 1931 y otro en 1936. Yo lo hago con mucho gusto (además no es la primera vez que publico aquí un artículo suyo), porque como él mismo dice "es un homenaje a su leonesidad y a su enseñanza". Insisto en que los dos son obra y mérito de Miguel Ángel, y no mío.


I SÁNCHEZ ROJAS

Una misma fecha para recordar la coincidencia en el adiós de dos hombres  muy distintos unidos por la amistad, por la sensibilidad, por el afán de profundizar en el análisis de la realidad y por el amor a Salamanca. Ambos bucearon en el ser y en las raíces de Salamanca y de los salmantinos, cada uno a su modo, cada uno con su perspectiva y sus conocimientos.


  José Sánchez Rojas (1885-1931) tenía una sensibilidad a flor de piel que le permitía conocer profundamente y hacer suyos los paisajes y las gentes, una sensibilidad que ya en 1919, en uno de los escasos libros que publicó en vida, le lleva a afirmar sin ningún género de dudas:

    ‘En Paisajes leoneses he querido apuntar y señalar las diferencias, más reales que aparentes, que separan a los dos viejos reinos de León y de Castilla. Salamanca, León y Zamora participan, en su espíritu y en sus piedras, de la gracia gallega, de la sutileza astur, de la mansedumbre lusa y de la sequedad de la meseta. Estos cuatro factores integran el sentido leonés dentro de la historia nacional’.

    En esas páginas nos descubre el espíritu leonés, tanto cuando escribe sobre la Catedral Vieja de Salamanca:

    ‘Estas piedras nos hablan de las turbulencias de la Edad Media, del gracioso balbuceo del romance, de la formación lenta, segura, del espíritu leonés.’

    -y se lamenta:

    ‘Pero Salamanca, lentamente, por incuria, por dejadez, va encerrando sus recuerdos, haciéndose avara de ellos, ignorando acaso que los tiene.’-;

    como cuando dedica su atención a Zamora:

    ‘Zamora pertenece al Reino de León. Históricamente, geográficamente, espiritualmente. Con las provincias de León y de Salamanca…

    Espiritualmente… ni Zamora (Toro, Benavente), ni Salamanca (Ledesma, Ciudad Rodrigo, Alba de Tormes), ni León (Astorga, Sahagún), son pueblos castellanos.
    Así, León es una cosa distinta de Castilla.’

  Y refiere alborozado su descubrimiento del espíritu leonés, de la región leonesa, y su negativa a ocultarlos –de hecho este artículo será publicado reiteradamente hasta 1931- (1):

    ‘Pero León es, ante todo y sobre todo, Zamora. He descubierto estas cosas aquí en Zamora, ante este románico típico, leonés, ante este paisaje, y no voy a ocultar mi descubrimiento a los sociólogos e historiadores de hogaño.

    He tenido, voy teniendo, tendré en Zamora la sensación de lo que era el reino de León, de lo que todavía es y de las diferencias que le separan de la región castellana. León no era una nomenclatura geográfica.

   Mirad estas gentes zamoranas, leonesas, salmantinas. Esa unilateralidad y esa pobreza mentales del castellano, no rezan con ellos.
    Viven una democracia llana. Nadie es más ni menos que nadie.’

    Otro tanto ocurre en la ciudad de León, siendo en San Isidoro donde

    ‘revivimos la historia de León, no la estruendosa, sino la otra, la subterránea, la formada por el trabajo, lento y obscuro, de los que dieron fisonomía al reino fronterizo’

    Ya en 1927 abraza a todos los escritores en los que identifica la fisonomía espiritual leonesa, tanto naturales del reino de León, como leoneses adoptivos, como Fray Luis de León y Miguel de Unamuno.

  Han pasado los años, muchos años, 85 nada menos, desde aquel año 31 que trajo la República que saludó Unamuno desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca, del mismo modo que Sánchez Rojas lo hizo en Alba de Tormes colocando la bandera tricolor en el Ayuntamiento -‘la nueva enseña de mi Patria libre’– llegando a conocerla durante poco más de ocho meses- y cinco años menos, 80 años, desde el fallecimiento de su maestro Unamuno, don Miguel, que recibió y abominó el golpe que la derribaría.

    Del primer año republicano, Sánchez Rojas dirá:

    ‘Y 1931 es hijo de la Universidad; su símbolo, símbolo de ella y del pensamiento español todo, se llama Miguel de Unamuno.’

    El 22 de diciembre de 1931, 9 días antes de su muerte, Sánchez Rojas escribe una carta abierta al promotor de un homenaje a su persona en Salamanca en la que lo acepta y confiesa:

    ‘Porque… ¿te lo digo? De las felicitaciones que recibo, las que más agrado me producen, son las de Salamanca; los escritos que hago con más cuidado son para Salamanca; los aplausos que con más ahínco busco, y también las censuras más acres que esta arriscada labor de escritor público me han deparado los hados, son, precisamente, las censuras y  los aplausos de esa ciudad.’

 Ha pasado tiempo, como diría Sánchez Rojas:

‘¡El tiempo que todo lo explica, que todo lo justifica, que lo perdona todo!’


Miguel Ángel Diego Núñez
(Miembro del Instituto de Estudios
Zamoranos Florián de Ocampo)




(1) El 6 de agosto de 1927 el artículo es publicado en ‘El Adelanto’ en primera página con el título ‘Del espíritu leonés’, y en él introduce algún matiz: ‘Vivimos una democracia llana, democracia de concejo abierto, de concejo leonés’. Seguimos aquí el texto publicado en ‘Nuevo Mundo’  el 9 de enero del año de su muerte.



II MIGUEL DE UNAMUNO (1861 – 1936)

   
 La fecha del 31 de diciembre une a dos leoneses y salmantinos, uno natural –Sánchez Rojas- y otro adoptivo –Miguel de Unamuno- en la fecha de su fallecimiento. Pero a estos dos hombres les une el amor a Salamanca, la búsqueda de sus raíces históricas y culturales así como las de los salmantinos y el descubrimiento de su leonesidad, cada uno a su modo; ambos están unidos por la misma Universidad que les cobijó, así como por su pasión por España y por la libertad, desde su republicanismo. También les une el amor por Cataluña y los lazos espirituales con Iberoamérica y con naciones próximas: Portugal, en el caso de Unamuno, Italia, en el de Sánchez Rojas.

    En 1891 Unamuno llega a Salamanca y pronto comienza a realizar excursiones por la provincia que le ponen en contacto con la realidad leonesa de la misma, en sus manifestaciones y en su lenguaje.

    Aquí elaborará a finales del XIX su concepto de intrahistoria, la tradición que se halla ‘en el fondo del presente’:

‘La tradición es la sustancia de la historia. Esta es la manera de concebirla en vivo. (…) La tradición eterna es lo que deben buscar los videntes de todo pueblo para elevarse a la luz, haciendo consciente en ellos lo que en el pueblo es inconsciente para guiarlo así mejor.’

    En 1926 confiesa en su correspondencia a Francisco Maldonado:

‘Cuando pronto hará 35 años llegué a esa ciudad, fue tu padre, fue Luis Maldonado, uno de mis primeros amigos, y el mejor’

    Con él y junto a él descubre los rasgos de la leonesidad lingüística de la provincia de Salamanca, lo que le permitirá aportar sus conocimientos y apuntes a Menéndez Pidal, para constituir un sustento fundamental de la obra de éste ‘El dialecto leonés’, publicada en 1906: ‘Don Miguel de Unamuno tiene del lenguaje de toda la región salmantina reunidos abundantes materiales que ha puesto a mi disposición’. Los datos le llevan a asegurar: ‘En Salamanca y Extremadura los límites lingüísticos ya coinciden bastante bien con los políticos’

    Fruto de estos hallazgos y de la colaboración con Menéndez Pidal y a través la Junta de Ampliación de Estudios y del Centro de Estudios Históricos, el estudio del leonés alcanzará una época de esplendor, con Américo Castro, Federico de Onís, Tomás Navarro Tomás, etc. en las dos primeras décadas del siglo XX.

    Y es la intrahistoria de Salamanca, de Zamora y de León, junto con las peculiaridades lingüísticas presentes en todo el reino de León las que le llevarán a afirmar una y otra vez que Salamanca junto con Zamora son regionalmente provincias leonesas:

    Tanto cuando escribe a Ricardo Palma (1903):

‘Paréceme que a usted le ha llamado la atención la cantidad de voces nuevas que empleo (…) Pero hay otras, las más que las tomo del pueblo, y que son usuales y corrientes no ya sólo en esta provincia sino en el antiguo reino de León.’;

    Como cuando escribe a su discípulo Federico de Onís (1907):

‘aquí hay tres regiones, la de cerrar, la de candar y la de pechar. Mi idea es que Salamanca no es Castilla sino una transición de León a Extremadura con toques portugueses y algunos castellanos.’

    o cuando comenta la obra de Amado Nervo (1909):

    ‘Y aquí acaso falta Salamanca, que Nervo no conoce; falta Zamora. Pero Zamora y Salamanca no son tal vez Castilla; son tierra de León.’

    En 1913 lo expresa con toda claridad:

    ‘Esta ciudad y región en que vivo, Salamanca, perteneció al reino de León, y leonesas son las particularidades de su habla popular’

      Don Miguel será consciente de la apropiación castellana de todo lo leonés:

    ‘Peregrina virtud la de la enjuta Castilla, esa virtud de apropiarse en espíritu cuanto toca y sin parecer que pone esfuerzo en ello. Castellano se le llama al lenguaje español, aun habiéndose integrado en él otras hablas que no son precisamente las de la estricta Castilla. Castellanos les llaman los demás a los hijos de esta tierra salmantina en que vivo, y eso que ni por la geografía histórica ni por la lengua les compete en rigor técnico ese apelativo. Esto fue, cuándo aún la unidad española no había fraguado políticamente, reino de León (…) Y por lo atajadero al lenguaje, las particularidades del habla de esta tierra de charros, sus dialectismos (…) no son sino particularidades leonesas. Hoy todavía se puede señalar en esta provincia por el habla donde acaba la propia Castilla y empieza León’

    Una y otra vez seguirá repitiendo a todo el que quiera escucharle:

    ‘Salamanca no es la Castilla escueta y ascética (…) es adusta y sensual. (…) Perteneciendo al Reino de León es más extremeña que leonesa.’

    El último lustro de vida de Unamuno coincide con el primer lustro de vida de la II República  -a la que da la bienvenida desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca- y con su decepción con la misma y con la reacción que acaba con ella.

    El año 1931  le trae a Unamuno el acta de diputado del Congreso, y el dolor por el fallecimiento de su discípulo José Sánchez Rojas, cuyo duelo preside en Salamanca. Durante 1934 muere su mujer, Concha, en septiembre es jubilado como Rector, se le tributa un homenaje y obtiene el nombramiento de Rector vitalicio de la Universidad de Salamanca. En abril de 1935 es nombrado Ciudadano de Honor de la República Española, en su discurso anticipa su muerte y dice:

    ‘Y que al enmudecer en mí al cabo, por ley naturalmente fatal, para siempre mi verbo español, quepa a mis hermanos y a sus hijos y a los míos decir sobre el terruño patrio que me abrigue:

    Aquí duerme para siempre en Dios un español que quiso a su patria con todas las potencias de su alma toda y que contribuyó con ésta entera a dar a conocer el espíritu del genio de España, y en especial a conservar y a recrecer y a re-crear el habla inmortal con que ella soñaba su historia y su destino.’

    En agosto de 1936, tras alinearse con los golpistas, la República le retira todos sus títulos.

    El último medio año de su vida constituye un calvario para Unamuno, una agonía que tiene  una expresión visible en el acto del paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, donde su personalidad le impide permanecer en un silencio cómplice y le hace tomar la voz para advertir lo que poco después pondrá por escrito:

 «Así nunca llegará la paz verdadera. Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán».

    Unos días después es cesado por Francisco Franco como rector de la Universidad salmantina. Desde octubre apenas sale de su casa y le llega el fin de sus días con el fin del año.

    Como un eco dirigido a la muerte, aún nos llegan sus versos:     

‘Hasta que me venciste, mi batalla
fue buscar la verdad.’

Miguel Ángel Diego Núñez
    (Miembro del Instituto de Estudios
    Zamoranos Florián de Ocampo)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos días, Ricardo, y Feliz 2017.

Quiero manifestar públicamente mi agradecimiento por dar cabida en tu blog a unas páginas dedicadas a dos leoneses inigualables, Sánchez Rojas (natural de Alba de Tormes) y Unamuno (salmantino con todos los honores), Ambos tuvieron a gala su salmantinismo y culturalmente, espiritualmente, su leonesidad manifestada en abundantes escritos (unos científicos o filológicos, como todos los relativos al dialecto leonés de Unamuno, otros de búsqueda de la espiritualidad de lo leonés y sus manifestaciones artísticas en las tres provincias leonesas, como en los 'paisajes leoneses de Sánchez Rojas).

Sean estas líneas un sentido homenaje y recuerdo a estas dos personalidades leonesas que desde el siglo pasado aún nos iluminan los caminos.

Muchas gracias.

Zacut

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